En la vega alta del Toconar se han encontrado restos de herramientas neolíticas y cerámicas campaniformes de tipo "dornajo". El cerro sobre el cual asienta está habitado al menos desde la Edad del Bronce. Ubicado en los confines de la Carpetania, junto a Celtiberia, fue dominado por los romanos durante las campañas de Gracco (179 a. C. ) Bajo la influencia de Segóbriga vivió una etapa de relativa prosperidad, durante la cual muy probablemente se erigieran los principales monumentos civiles del municipio (puentes sobre el Toconar y El Pilar). Fue paso obligado hacia Segóbriga desde el importante complejo minero de Lapis specularis de los actuales municipios de Osa y Belmonte. La esperanza de vida en época romana apenas superaba los 30 años, encontrándose la mayor parte de la población en condiciones de servidumbre o semiesclavitud.

En su término existió una importante villa romana (gran explotación agro-pecuaria) en la cual aparecieron suntuosos mosaicos, descubietos a mediados del siglo XIX, expoliados y trasladados a residencias particulares pertenecientes a la oligarquía rural de la época. Durante la edad media, la basílica de dicha villa fue centro de culto cristiano, bajo la advocación de San Benito. La abadía de Tresjuncos estaba formada por más de 11 pueblos o curatos, extendiéndose desde San Blas de Albornoz (en Villarejo de Fuentes)hasta Las Mesas, y entre sus funciones se incluían aquellas relacionadas con el desarrollo y puesta en marcha de nuevos cultivos.

La población de Tresjuncos se mantuvo hasta la ocupación musulmana, abriéndose entonces un paréntesis histórico. El Cerro de La Atalaya sirvió de puesto de vigilancia y lugar de reunión para los cristianos de la comarca (mozárabes), durante el dominio árabe. Reconquistado con Alarcón a finales del siglo XII fue aldea de esta villa hasta ser incorporado en el siglo XV al Marquesado de Villena, desplazándose su jurisdicción a Belmonte. El infante Don Juan Manuel, político, guerrero y escritor, hizo referencia a Tresjuncos en su Libro de la Caza, siendo su arroyo Toconar lugar ideal para cazar las garzas con halcón.

La Guerra Civil castellana que enfrentó a la nobleza, encabezada por Juan Pacheco, marqués de Villena, con la reina Isabel, tuvo repercusiones en Tresjuncos, en cuya plaza fueron ajusticiados dos partidarios de la Beltraneja, que supuestamente habían asesinado a dos partidarios de la reina vecinos de Villaescusa. La contienda frenó enormemente el desarrollo de la comarca, pues supuso una sangría de recursos humanos y económicos.

Tras las capitulaciones del marqués, numerosos vecinos de las aldeas de Belmonte, como lo eran Tresjuncos, Hontanaya, Osa, Monreal y Los Hinojosos del marquesado, se incorporaron a la conquista del reino nazarí de Granada. Se están investigando los posibles orígenes tresjunqueños de Diego García de Hinestrosa, personaje ligado al marqués, que pasó a ser contino de la reina Isabel, primer regidor de Málaga, y personaje clave en las negociaciones con Portugal.

El 5 de mayo de 1635, durante el reinado de Felipe IV, le fue concedido el privilegio de villa, logrando así la independiente de Belmonte.

A finales del siglo XVIII más del 70 % del término eran montes de carrasca, roble (gallugar), y pino piñonero. Sólo se cultivaba la vega y las tierras ribereñas de algunos arroyos. En esta misma época, además de cereales, vid y olivo, se sembraban en abundancia alazor, garbanzos, almortas (titos) y azafrán. Predominaban las mulas, aunque había todavía bueyes para la labranza. El ganado era predominantemente ovino. Había más de 250 colmenas. Fue patrona de la villa, la Virgen de la Atalaya, hasta el último tercio del siglo XIX La guerra de independencia contra los franceses puso fin a la fiesta y la romería.

Tresjuncos vio nacer al bandolero "Urbano", y a su célebre hijo Pepe San Nicolás, que pusieron en jaque a la mismísima reina Isabel II a quien finalmente rindieron pleitesía. Para que cambiase su condición de bandolero, la reina Isabel II le arrendó las fincas de El Molinillo en La Almarcha y Villa Paz en Saelices (Cuenca).

Siglo XX

A principios del siglo XX un vecino de Tresjuncos apodado el "Cepa", desapareció, dando lugar a uno de los errores más dramáticos de la historia judicial española, conocido como el "Crimen de Cuenca".

La Guerra Civil no produjo víctimas civiles en Tresjuncos, aunque sí militares en algunos frentes (Brunete, Teruel, etc.). La población se mantuvo en la retaguardia y gozó de relativa paz. El patrimonio artístico de la parroquia sufrió graves e irreparables daños. Durante el franquismo, a pesar de las limitaciones de todo tipo, Tresjuncos tuvo una época dorada; la humilde belleza de su arquitectura recibió galardones. El fotógrafo local Domingo Sánchez, "Lunes", inmortalizó muchos eventos de la localidad, convirtiéndose algunas de sus fotos en verdaderos mitos locales.

A partir de los años 1960, la población sufrió un rápido descenso. En pocos años, más de la mitad de la población emigró al litoral industrial, especialmente a Cataluña, concretamente a la comarca del Baix Llobregat.


Job Moya Peraira